Ayuno de caldo: qué cambia realmente
El ayuno de caldo consiste en sustituir las comidas por un caldo salado, de verdura o de huesos, durante varios días consecutivos. Es una práctica que se presenta como un ayuno, pero en cuanto un líquido salado distinto del agua entra en la jornada, ya se abandona el ayuno en sentido estricto para entrar en lo que la medicina llama ayuno modificado.
Lo que defiende este artículo, tesis central de esta página: este desplazamiento no es un detalle de vocabulario. La sal y el calor del líquido actúan realmente sobre la sensación de hambre, lo que hace la práctica más llevadera que un ayuno solo de agua, pero el aporte nutricional sigue siendo, en cambio, muy bajo a lo largo de toda la jornada. Sentir menos hambre no significa que las necesidades del organismo estén cubiertas.
Aquí encontrarás lo que el caldo cambia realmente en el hambre, lo que representa su aporte de sodio en una jornada de cura, sin ninguna cifra ni ninguna pauta de dosis, qué distingue un caldo de verdura, un caldo de huesos y un cubito industrial, y qué implica, en el plano médico, una reanudación alimentaria tras varios días de cura. Esta página no detalla ningún protocolo para seguir en solitario.
¿Qué es el ayuno de caldo?
El ayuno de caldo consiste en sustituir todas las comidas por un caldo líquido y colado, sin trozos sólidos, durante varios días consecutivos, a veces completado con agua. Este caldo puede prepararse a partir de verdura, de huesos, o reconstituirse a partir de un cubito industrial disuelto en agua caliente.
En el plano estrictamente definido, un ayuno se limita al agua. En cuanto se añade un caldo salado, ya no se habla de ayuno estricto sino de ayuno modificado: una categoría aparte, que conserva un aporte mínimo de calorías, de sodio y, según el tipo de caldo, de proteína. No es un matiz de vocabulario: es lo que explica el resto de este artículo.
¿Cómo funciona?
En un ayuno de caldo actúan dos mecanismos distintos, y conviene no confundirlos. El primero afecta al hambre: un líquido caliente ralentiza el vaciado del estómago y prolonga la sensación de distensión gástrica, mientras que la sal contribuye a la satisfacción percibida en el momento de la toma. Estos dos efectos hacen la práctica más llevadera en el día a día que un ayuno solo de agua, sin por ello cubrir las necesidades nutricionales de la jornada.
El segundo mecanismo afecta al aporte real: ya se trate de un caldo de verdura, de huesos o de un cubito industrial, el aporte calórico y proteico sigue siendo muy bajo a lo largo de toda una jornada. El organismo se encuentra, en este plano, en una situación cercana a la de un ayuno estricto: las reservas de glucógeno se agotan progresivamente, y el organismo recurre a sus grasas y, ante la falta de proteína suficiente, a sus reservas musculares.
Caldo de verdura, caldo de huesos, cubito industrial
El ayuno de caldo no se presenta en métodos con nombre propio; lo que varía es el tipo de caldo utilizado, y esta variación cambia lo que la práctica aporta realmente. Un caldo de verdura, preparado mediante cocción larga de verduras en agua y posterior colado, aporta sobre todo agua, sal y minerales disueltos, con un aporte de proteína cercano a cero.
Un caldo de huesos, preparado a partir de huesos y a veces de cartílago cocidos durante mucho tiempo, contiene algo de gelatina y colágeno, lo que le da un aporte de proteína ligeramente superior al caldo de verdura, sin que ello baste para cubrir las necesidades de una jornada. Un cubito industrial disuelto en agua, por último, aporta sobre todo sal, aromas y a veces potenciadores de sabor, con un aporte nutricional procedente de alimentos reales prácticamente nulo: no equivale a un caldo preparado con ingredientes frescos, aunque el sabor salado percibido pueda ser parecido.
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Beneficios potenciales del ayuno de caldo
Varios beneficios circulan en torno al ayuno de caldo, en particular alrededor del caldo de huesos, presentado por algunos discursos como beneficioso para las articulaciones o el intestino. La tabla siguiente resume lo que razonablemente cabe esperar, con el nivel de evidencia asociado: la prudencia obliga a mantenerse severo en este tema.
| Beneficio mencionado | Nivel de evidencia |
|---|---|
| Reducción marcada del aporte calórico frente a una alimentación habitual | moderada |
| Hambre más llevadera que un ayuno solo de agua | moderada |
| Beneficio del colágeno del caldo de huesos sobre las articulaciones | limitada |
| Efecto reparador del caldo de huesos sobre la pared intestinal | limitada |
| Autofagia medible en el ser humano durante una cura de caldo | limitada |
| Efecto purificante o eliminatorio atribuido al caldo, sin sustancia identificada | limitada |
Efecto sobre la pérdida de peso
La pérdida de peso observada durante un ayuno de caldo procede sobre todo de la reducción muy marcada del aporte calórico frente a una alimentación habitual, no de una propiedad particular del caldo en sí. Este efecto es real, pero sigue siendo variable según la compensación que le sigue: el hambre atenuada durante la cura puede traducirse en aportes más generosos una vez terminada la práctica.
Conviene señalar un punto: un aporte elevado de sodio puede favorecer la retención de agua en algunas personas, lo que puede enmascarar parte de la pérdida de peso esperada o, al contrario, dar la impresión de una pérdida rápida que en realidad es solo agua. Para situar un objetivo de peso realista y duradero, nuestra calculadora de calorías y metabolismo basal sigue siendo una herramienta más adecuada que la sustitución temporal de las comidas por un líquido salado.
Efecto sobre el metabolismo
En cuanto al aporte energético, un ayuno de caldo se acerca más a un ayuno estricto que a una simple alimentación aligerada: las calorías que aporta el caldo siguen siendo mínimas, sea cual sea el tipo elegido. El organismo ajusta, por tanto, su gasto energético en reposo para preservar sus reservas, un mecanismo de adaptación que no tiene nada de específico de esta práctica.
Este mecanismo se combina, a lo largo de varios días, con la movilización de parte de las reservas musculares, ante la falta de un aporte suficiente de proteína, incluso en el caso de un caldo de huesos rico en gelatina. Presentar el ayuno de caldo como una forma de acelerar el metabolismo no es, por tanto, coherente con lo que se entiende de su funcionamiento real.
Efecto sobre la autofagia
Otro argumento repetido a propósito del ayuno es la autofagia, ese mecanismo de reciclaje celular. No se mide en la práctica en el ser humano en el marco de un ayuno de caldo. El aporte calórico muy bajo de esta práctica la acerca, en este plano, más a un ayuno estricto que a una simple restricción calórica, pero nada permite afirmar que se cruce un umbral concreto a una duración determinada.
La sal y el calor del caldo, que explican la mayor parte del confort percibido durante la práctica, no tienen ningún vínculo demostrado con este mecanismo celular. Confundir confort percibido y efecto biológico medible es una de las trampas más frecuentes en torno a esta práctica.
Efecto sobre la glucemia
Un caldo colado, sin trozo sólido, aporta muy pocos hidratos de carbono, sea cual sea el tipo elegido. La glucemia evoluciona, por tanto, con el paso de los días, de forma bastante cercana a lo que ocurre durante un ayuno estricto: un descenso progresivo seguido de una estabilización en un nivel bajo, con fatiga y dificultad de concentración posibles en algunas personas.
En una persona diabética en tratamiento, este descenso puede interactuar directamente con el tratamiento en curso y exponer a un riesgo de hipoglucemia: el hecho de que la práctica conserve un aporte de sodio no cambia nada de este riesgo, que depende del aporte de hidratos de carbono, prácticamente nulo en un caldo.
Efecto sobre la insulina
Al ser muy bajo el aporte de hidratos de carbono de un caldo, la secreción de insulina se mantiene baja durante la práctica, un patrón cercano al observado durante un ayuno estricto. No es un efecto propio del caldo: es la consecuencia directa de un aporte calórico y glucídico muy reducido, sea cual sea su forma.
El hecho de que el caldo conserve un aporte calórico mínimo no cambia nada para una persona cuyo tratamiento actúa sobre la secreción o la acción de la insulina: este descenso prolongado merece una valoración médica previa, igual que para cualquier práctica que restrinja fuertemente el aporte durante varios días, sea el aporte casi nulo o no.
Efecto sobre el colesterol
Los datos sobre el efecto específico de un ayuno de caldo en el perfil lipídico son prácticamente inexistentes como tales: la mayoría de los conocimientos disponibles se refieren a la restricción calórica en general, no a esta práctica en concreto. Nada permite atribuir al caldo en sí un efecto propio sobre el colesterol.
Conviene señalar un punto: algunos caldos de huesos, preparados con huesos ricos en grasa, pueden contener más materia grasa de la que sugiere su aspecto líquido y claro, según la preparación. No es un efecto buscado ni documentado como beneficioso: es una variabilidad que conviene conocer.
Efecto sobre la masa muscular
Es uno de los puntos en los que el caldo de huesos se distingue más claramente del caldo de verdura o del cubito industrial: su contenido en gelatina le da un aporte de proteína ligeramente superior, que sigue siendo, en todos los casos, muy inferior a las necesidades de una jornada entera. La gelatina, además, no tiene el mismo perfil de aminoácidos que una fuente de proteína completa.
A lo largo de varios días consecutivos, este aporte insuficiente de proteína, sea cual sea el caldo elegido, puede llevar al organismo a movilizar parte de sus reservas musculares para cubrir sus necesidades de aminoácidos. Es un punto de atención tanto más importante cuanto que la sensación de hambre atenuada por el caldo puede incitar a prolongar la práctica más allá de lo que se haría con agua sola.
Qué dicen los estudios
Los datos construidos específicamente en torno al ayuno de caldo siguen siendo escasos en el ser humano. Los conocimientos disponibles tratan por separado la restricción calórica severa, el efecto del sodio sobre la tensión arterial o la composición nutricional de los caldos, rara vez la combinación particular que constituye una cura de caldo de varios días.
Este punto no está zanjado, y conviene decirlo así: las afirmaciones que circulan en torno al caldo de huesos, en particular sobre las articulaciones y el intestino, van bastante más lejos de lo que los datos actualmente disponibles permiten sostener. Lo que puede afirmarse con más solidez concierne a los mecanismos establecidos por separado: aporte calórico muy bajo, aporte de sodio acumulado, y efecto del líquido caliente sobre la sensación de hambre.
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Los riesgos del ayuno de caldo
El primer riesgo, el más específico de esta práctica, afecta al sodio. Un caldo es, por naturaleza, un líquido salado; repetir varios boles en una misma jornada, y luego durante varios días consecutivos, hace que este aporte se vaya sumando, a menudo bastante más allá de lo que una persona percibe intuitivamente. Esta página no da ninguna cifra al respecto, pero conviene conocer el principio: un aporte elevado y repetido de sodio puede favorecer la retención de agua y pesar sobre la tensión arterial, en particular en una persona hipertensa, con insuficiencia cardiaca o renal, o bajo tratamiento diurético.
El segundo riesgo tiene que ver con el desajuste, ya mencionado, entre confort y aporte real: como el hambre está atenuada, algunas personas prolongan la práctica más tiempo del que harían con agua sola, lo que acentúa el déficit de proteína, de fibra y de la mayoría de las vitaminas durante más tiempo del previsto inicialmente.
Un tercer riesgo afecta específicamente a los cubitos industriales: algunos contienen aditivos, aromas o potenciadores de sabor cuya tolerancia varía de una persona a otra, y cuya composición se suma al aporte de sodio ya presente. Un caldo casero no elimina los riesgos nutricionales globales de la práctica, pero al menos evita esta fuente adicional.
Por último, un riesgo mencionado con menos frecuencia tiene que ver con la percepción de seguridad que da la práctica: como resulta suave, caliente y reconfortante, puede transmitir una falsa impresión de inocuidad, cuando el déficit nutricional acumulado durante varios días sigue siendo comparable, en muchos aspectos, al de un ayuno estricto.
¿Quién debe evitar el ayuno de caldo?
Varios perfiles, para quienes el aporte de sodio o la saciedad engañosa que procura el caldo plantean un problema particular, deberían evitar esta práctica sin una valoración médica previa, o evitarla directamente:
- menores de edad, cuyas necesidades nutricionales en pleno crecimiento no soportan un aporte tan restringido;
- mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, en quienes la saciedad engañosa del caldo puede enmascarar un aporte energético y proteico insuficiente también para el bebé;
- personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, para quienes una restricción prolongada puede reactivar una relación ya frágil con la comida;
- personas diabéticas en tratamiento, expuestas a un riesgo de hipoglucemia por el aporte de hidratos de carbono prácticamente nulo;
- personas bajo cualquier tratamiento cuya eficacia o tolerancia dependa de las comidas o del equilibrio de sodio;
- personas hipertensas o bajo tratamiento diurético, en quienes el aporte acumulado de sodio puede interactuar directamente con el tratamiento;
- personas con insuficiencia renal, hepática o cardiaca, en quienes la gestión del sodio y de los fluidos ya es más delicada;
- personas mayores frágiles, en quienes la saciedad que procura el caldo puede enmascarar un déficit proteico que pesa más sobre una masa muscular ya reducida;
- personas cuyo IMC ya es bajo, para quienes una alimentación casi sin calorías ni proteína no tiene ninguna justificación;
- deportistas en fase de carga de entrenamiento intensa, cuyas necesidades energéticas y proteicas encajan mal con un aporte tan reducido.
Para cualquier persona en seguimiento por una enfermedad crónica relacionada con el corazón, los riñones o la tensión arterial, nuestra página sobre las limitaciones del IMC recuerda que un indicador general nunca sustituye a una valoración médica individualizada, sobre todo antes de plantearse una restricción alimentaria de varios días.
Una cura de caldo, presentada como suave porque calma el hambre, no es inofensiva para una persona cuyo IMC ya es bajo o cuya relación con la alimentación sigue siendo frágil: la saciedad que procura puede, al contrario, retrasar el momento en que esa fragilidad se detecta. Nuestra página sobre la delgadez y la insuficiencia ponderal detalla las señales que justifican una consulta, a menudo mucho antes de que se plantee la cuestión de una cura de caldo.
¿Cómo empezar?
Plantearse un ayuno de caldo de varios días no empieza por elegir una receta: empieza por hablar con un profesional de la salud, en particular si estás en seguimiento por hipertensión, una enfermedad cardiaca o renal, o si tomas un tratamiento habitual. Los tres niveles siguientes no describen duraciones de cura que alcanzar: describen grados de preparación y de vigilancia dedicados a la práctica.
Principiante
Una persona que descubre la idea de un ayuno de caldo empieza por comprobar, con un profesional de la salud si le corresponde alguno de los perfiles detallados más arriba, que la práctica no interactúa con su estado de salud ni con sus tratamientos en curso, siendo la cuestión del sodio, en esta etapa, la más importante que plantear.
Intermedio
Una persona que desea ir más allá gana con hacer balance de su tensión arterial y de su alimentación habitual en sodio junto a un profesional, y con elegir conscientemente entre caldo de verdura, caldo de huesos o cubito industrial, conociendo las diferencias detalladas más arriba en este artículo.
Avanzado
Un acompañamiento por parte de un profesional de la salud que sigue a la persona antes, durante y después de la práctica, con una atención particular a la tensión arterial y a las señales de retención de agua, corresponde al nivel de encuadre que este artículo considera razonable. No es un objetivo de disciplina personal que mantener en solitario: es un marco de seguimiento que se construye con un profesional, en particular en torno al sodio.
Ejemplo de programa
A lo que se parece un ayuno de caldo seguido en un marco atento se organiza generalmente en varias fases, descritas aquí para entender lo que implica un seguimiento serio, no como un calendario para reproducir en solitario ni como una duración que alcanzar.
- Fase de valoración: comprobación de la tensión arterial, de los tratamientos en curso y de la ausencia de contraindicación entre los perfiles detallados más arriba, antes de cualquier decisión.
- Fase de cura seguida: atención a las señales de retención de agua, de fatiga o de hinchazón, con criterios de interrupción definidos de antemano en vez de decididos en solitario sobre la marcha.
- Fase de reintroducción: retorno progresivo hacia una alimentación sólida, con atención tanto al equilibrio de sodio como a la proteína, precisamente porque esta etapa corrige a la vez el déficit nutricional y el aporte de sal acumulados durante la cura.
- Fase de balance: comprobación de que la tensión arterial y el equilibrio alimentario general han vuelto a un nivel satisfactorio, sobre una base individual y no según un calendario fijado de antemano.
Este desarrollo describe una lógica de seguimiento, no una receta para aplicar uno mismo: ninguna de estas fases, en particular la relativa al sodio, sustituye a una valoración individual de tu situación.
¿Qué beber durante el ayuno de caldo?
Un ayuno de caldo se basa, por definición, en un caldo líquido y colado, de verdura, de huesos, o reconstituido a partir de un cubito, generalmente completado con agua entre tomas. Esta página no da ninguna receta, ninguna cantidad ni ninguna frecuencia de consumo: estos elementos varían según las personas y no constituyen, en sí mismos, una garantía de seguridad.
Lo que importa más que la receta exacta es tener presente lo que las secciones anteriores han establecido: sea cual sea el tipo de caldo elegido, el aporte de sodio se va sumando con cada toma, y el confort percibido no dice nada del nivel real de cobertura de las necesidades nutricionales.
¿Qué comer antes del ayuno de caldo?
La pregunta que importa no es tanto «qué comer la víspera» como «qué margen tiene mi organismo frente al sodio y a la saciedad engañosa del caldo». Antes de plantearse una cura de varios días, varios elementos pesan directamente en el nivel de riesgo de la práctica, en particular todo lo relacionado con la tensión arterial.
| Qué se evalúa | Por qué importa |
|---|---|
| Tensión arterial y posible tratamiento de la hipertensión | El aporte acumulado de sodio puede interactuar con estos tratamientos y pesar sobre la tensión |
| Función renal y cardiaca | Estos órganos gestionan el equilibrio entre sodio y fluidos, ya solicitado por la práctica |
| Aporte habitual de proteína | Un aporte ya bajo antes de la cura agrava el déficit acumulado durante la práctica |
| Antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria | Una restricción prolongada puede reactivar un trastorno ya presente |
¿Qué comer después del ayuno de caldo?
Esta página no fija voluntariamente ninguna cantidad, ningún alimento concreto ni ningún calendario de reintroducción numérico, por las mismas razones ya expuestas a propósito del sodio. Tras varios días de aporte casi exclusivamente líquido y salado, una reanudación progresiva es preferible a un regreso brusco a comidas copiosas, en particular en una persona cuyo estado nutricional o cardiovascular de partida ya era frágil.
Lo que la reanudación implica en cuanto al sodio y a la saciedad se resume en la tabla siguiente: describe lo que merece una atención progresiva, no una lista de alimentos que seguir.
| Qué implica la reanudación | Por qué se vigila |
|---|---|
| Reintroducción progresiva de alimentos sólidos y de proteína | Un sistema digestivo poco solicitado y un déficit proteico reaccionan a una reanudación demasiado rápida |
| Atención a los signos de retención de agua persistente | El aporte acumulado de sodio puede tardar varios días en regularse tras el final de la cura |
| Reevaluación de la tensión arterial si ya estaba controlada | El regreso a una alimentación normal modifica de nuevo el equilibrio de sodio |
Tras una cura de caldo, la pregunta que queda es menos «qué comer» que «hacia qué referencia volver»: nuestra página peso ideal construye esa referencia en torno a un objetivo personal, en vez de una sustitución temporal de las comidas por un líquido salado.
Los errores más frecuentes del ayuno de caldo
- Creer que un caldo salado equivale a un ayuno estricto: en cuanto un líquido salado sustituye al agua sola, la práctica cambia de categoría y de nombre médico.
- Multiplicar los boles de caldo a lo largo del día pensando que «es líquido, así que neutro»: cada bol añade sodio, que se va sumando a lo largo de la jornada.
- Usar cubitos industriales pensando que equivalen a un caldo casero: su composición nutricional y sus aditivos difieren claramente de un caldo preparado con ingredientes frescos.
- Ignorar el aporte acumulado de sodio a lo largo de varios días de cura: es el punto más específico de esta práctica, y el menos tenido en cuenta.
- Creer que el caldo de huesos repara las articulaciones o el intestino: esta afirmación va más allá de lo que los datos actualmente disponibles permiten sostener.
- Prolongar la práctica porque el hambre está menos presente: el confort percibido no indica en absoluto que las necesidades de proteína y de calorías estén cubiertas.
- Descuidar señales de hinchazón o de retención de agua: estas señales pueden traducir un aporte de sodio mal tolerado, en particular en una persona predispuesta.
- Practicar con una hipertensión no controlada sin hablarlo con un médico: el aporte acumulado de sodio puede interactuar directamente con un tratamiento en curso.
- Confundir caldo de verdura y caldo de huesos en cuanto al aporte proteico: ninguno de los dos cubre las necesidades de una jornada, a pesar de la ligera diferencia entre ambos.
- Añadir sal adicional a un caldo ya salado: este hábito, frecuente por costumbre de sabor, agrava innecesariamente un aporte de sodio ya elevado.
- Reanudar la alimentación sólida en una sola comida copiosa: tras varios días de aporte casi exclusivamente líquido y salado, un regreso brusco solicita a la vez un sistema digestivo poco movilizado y un equilibrio de sodio apenas estabilizado.
- Subestimar el déficit de fibra y de vitaminas acumulado con el tiempo: un caldo, sea cual sea, apenas aporta ninguna.
- Fiarse de la sensación de saciedad como prueba de seguridad nutricional: sentirse saciado por un líquido caliente no dice nada del aporte real de nutrientes.
- Encadenar varias curas de caldo seguidas sin reevaluación: el déficit proteico y el aporte acumulado de sodio no se resuelven necesariamente entre dos curas muy próximas.
- Descuidar un tratamiento en curso para la hipertensión, el corazón o los riñones: estas situaciones se cuentan entre las que exigen más prudencia antes de plantearse la práctica.
Comparación con otras prácticas de ayuno
La siguiente tabla sitúa el ayuno de caldo entre otras prácticas a menudo confundidas con un ayuno estricto, además de una ventana alimentaria diaria como punto de referencia. La diferencia de naturaleza con un ayuno solo de agua resulta evidente: el caldo conserva un aporte, mínimo pero real, que lo sitúa entre los ayunos modificados y no entre los ayunos estrictos.
| Práctica | Duración | Dificultad | Efecto sobre el peso | Hambre | Autofagia | Seguridad |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Ayuno de caldo | a menudo 1-3 días anunciados | moderada | pérdida rápida, sobre todo de agua | moderada | no medida en la práctica | se recomienda consejo médico |
| Ayuno de zumos | a menudo 3-5 días anunciados | moderada | variable según la compensación | alta | no medida en la práctica | se recomienda consejo médico |
| Ayuno detox | a menudo 3-7 días anunciados | moderada | pérdida rápida, sobre todo de agua | alta | no medida en la práctica | se recomienda consejo médico |
| Ayuno de agua | variable, bajo supervisión | muy alta | pérdida rápida, sobre todo de agua | alta | plausible, no cuantificada | requiere supervisión médica |
| Ayuno 16/8 | 16 h al día | baja | la ingesta suele bajar en la práctica | moderada | no medida en la práctica | sin supervisión particular |
Esta tabla confirma lo que este artículo defiende desde su introducción: el hambre menos marcada del ayuno de caldo no lo sitúa, por ello, en una categoría de seguridad distinta de las demás prácticas restrictivas prolongadas. Nuestra página sobre las limitaciones del IMC recuerda, en otro registro, que un confort percibido nunca dice toda la verdad sobre una situación nutricional real.
Conclusión
El ayuno de caldo ya no es, en sentido estricto, un ayuno: en cuanto un líquido salado sustituye al agua sola, la práctica se convierte en un ayuno modificado. La sal y el calor hacen el hambre más llevadera, pero el aporte nutricional sigue siendo muy bajo, y el sodio acumulado a lo largo de varios días merece una atención particular, al margen de cualquier cifra que esta página se niega a dar.
Si esta práctica te interesa, el primer paso útil sigue siendo valorar, junto a un profesional de la salud, lo que cambia realmente teniendo en cuenta tu tensión arterial, tus tratamientos y tu alimentación habitual, en vez de fiarte del carácter reconfortante del caldo.
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Preguntas frecuentes sobre el ayuno de caldo
¿El ayuno de caldo sigue siendo un ayuno de verdad?
En sentido estricto, no. Un ayuno se define habitualmente por la ausencia de todo aporte, salvo el agua. En cuanto un caldo salado entra en la jornada, incluso sin trozos sólidos, el organismo recibe sodio, agua adicional y una cantidad mínima de calorías: es lo que la medicina llama ayuno modificado, una categoría distinta del ayuno estricto. No es una crítica a la práctica, solo una precisión útil para entender lo que ocurre realmente en el organismo, y para no comparar sin matices esta práctica con un ayuno solo de agua.
¿Por qué se pasa menos hambre con caldo que con agua sola?
Dos elementos desempeñan un papel documentado: el calor del líquido, que ralentiza el vaciado del estómago y prolonga la sensación de distensión gástrica, y la sal, que participa en el sabor percibido y en la satisfacción sentida en el momento de la toma. Este efecto sigue siendo subjetivo y variable de una persona a otra: no elimina el hambre, pero a menudo la hace más llevadera que con agua sola. Es un efecto de confort, no una señal de que las necesidades nutricionales de la jornada estén cubiertas.
¿Un caldo aporta mucho sodio en una jornada de cura?
Un caldo es, por naturaleza, un líquido salado, y repetir varios boles en un mismo día hace que este aporte de sodio se vaya sumando, a menudo bastante más allá de lo que una persona percibe intuitivamente al beber «solo un caldo». Esta página no da voluntariamente ninguna cifra ni ninguna referencia de consumo: la tolerancia al sodio depende de la tensión arterial, de los riñones y de posibles tratamientos, factores que un artículo generalista no puede valorar. Es una pregunta que conviene plantear directamente a un profesional de la salud, sobre todo en caso de hipertensión o de tratamiento diurético.
¿Qué diferencia hay entre caldo de verdura y caldo de huesos?
Un caldo de verdura está compuesto de agua, verdura y sal, con un aporte de proteína cercano a cero. Un caldo de huesos, preparado a partir de huesos y a veces cartílago, contiene algo de gelatina y colágeno, lo que le da un aporte de proteína ligeramente superior, pero siempre muy por debajo de las necesidades diarias. Ninguno de los dos cubre por sí solo el aporte de proteína, vitaminas o fibra de una comida habitual: la diferencia entre ambos se juega en matices, no en si uno «alimenta» de verdad y el otro no.
¿Un cubito de caldo industrial equivale a un caldo casero?
No, en el plano nutricional no. Un cubito industrial disuelto en agua aporta sobre todo sal, aromas y a veces potenciadores de sabor, con un aporte de proteína y de minerales procedentes de alimentos reales prácticamente nulo. Un caldo preparado a partir de verdura o de huesos frescos conserva, en cambio, parte de los minerales y, en el caso del caldo de huesos, algo de proteína procedente de la gelatina. Esta diferencia no cambia nada la conclusión central de este artículo: en ambos casos, el aporte nutricional global sigue siendo muy bajo a lo largo de una jornada entera.
¿El caldo de huesos repara las articulaciones o el intestino?
Es una afirmación muy extendida, en particular en torno al caldo de huesos, pero se apoya en datos limitados en el ser humano. La gelatina y el colágeno presentes en un caldo de huesos se degradan durante la digestión en aminoácidos simples antes de absorberse, lo que no garantiza que después se reutilicen específicamente para reconstruir cartílago o la pared intestinal, en vez de servir a otras funciones del organismo. Este sitio no respalda esta afirmación, por falta de datos suficientemente sólidos para sostenerla de forma general, e invita a tratarla con la misma prudencia que los demás beneficios mencionados en torno al ayuno de caldo.
¿El ayuno de caldo es peligroso para el corazón o la tensión arterial?
Puede serlo, en particular en una persona hipertensa, con insuficiencia cardiaca o bajo tratamiento diurético. El aporte acumulado de sodio a lo largo de toda una jornada de cura puede favorecer la retención de agua y pesar sobre la tensión arterial, un mecanismo que afecta directamente al funcionamiento del corazón y de los riñones. Esta página no da ninguna referencia numérica al respecto, precisamente porque la tolerancia varía mucho según el estado de salud de partida: se recomienda una valoración médica previa para cualquier persona en seguimiento por estas razones.
¿Quién debe evitar el ayuno de caldo?
Como mínimo: los menores de edad, las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, las personas con antecedentes de trastornos de la conducta alimentaria, las personas diabéticas en tratamiento, las personas bajo cualquier tratamiento cuya toma dependa de las comidas, las personas hipertensas o con insuficiencia renal, hepática o cardiaca, las personas mayores frágiles, aquellas cuyo IMC ya es bajo, y los deportistas en fase de carga de entrenamiento intensa. Estos perfiles se detallan más arriba en este artículo, con la razón propia de cada uno. Para todos ellos, la pregunta que plantearse antes que nada no es qué caldo elegir, sino si la práctica en sí tiene sentido en su situación individual.
¿El ayuno de caldo hace adelgazar?
La pérdida de peso observada durante una cura de caldo procede sobre todo de la reducción muy marcada del aporte calórico frente a una alimentación habitual, no de una propiedad particular del caldo en sí. Parte de esa pérdida corresponde, además, a agua, de la que una parte puede incluso retenerse en vez de perderse en caso de un aporte elevado de sodio. Este sitio no presenta esta práctica como un método de gestión del peso a largo plazo: una calculadora construida sobre el equilibrio entre aporte y gasto sigue siendo una herramienta más adecuada para ese objetivo.
¿Se pueden añadir verduras sólidas al caldo durante una cura?
En cuanto se añaden trozos sólidos, la práctica cambia de naturaleza y sale del marco descrito en este artículo, que trata específicamente un ayuno de caldo líquido y colado, sin ningún trozo. Añadir verdura entera acerca la práctica a una alimentación muy restrictiva más que a un ayuno modificado en el sentido habitual, con un aporte de fibra y de micronutrientes distinto. Esta página no se pronuncia sobre esta variante, que corresponde a una categoría diferente y merecería su propia valoración, con sus propios beneficios y sus propios riesgos.
¿El ayuno de caldo es adecuado en caso de tratamiento para la hipertensión?
Es precisamente una de las situaciones que exigen más prudencia frente a esta práctica. Un aporte acumulado y repetido de sodio durante varios días puede interactuar directamente con determinados tratamientos de la hipertensión, en particular los diuréticos, y alterar el equilibrio que ese tratamiento busca mantener entre la sal y los fluidos del organismo. Una persona en tratamiento para la hipertensión no debería plantearse esta práctica sin haberlo hablado antes con su médico o su farmacéutico, que pueden valorar la interacción con el tratamiento en curso y el margen de seguridad real en su situación.
¿Qué diferencia hay entre ayuno de caldo y ayuno hídrico?
El ayuno hídrico conserva solo agua, sin ningún otro aporte; el ayuno de caldo conserva algo de sodio, agua adicional ligada al caldo y, según el tipo elegido, un rastro de proteína. Esta diferencia, mínima en apariencia, cambia la forma en que se percibe el hambre y el perfil de riesgo de la práctica: el ayuno de caldo expone más a un exceso de sodio acumulado, el ayuno hídrico más a un déficit electrolítico global. Nuestro artículo sobre el ayuno hídrico trata la otra práctica en detalle.
¿Se puede hacer un ayuno de caldo varios días seguidos sin riesgo?
Esta página no fija ninguna duración, ni como objetivo ni como límite: el nivel de riesgo depende de factores individuales, tensión arterial, función renal, tratamientos en curso, que un artículo generalista no puede valorar para una persona concreta. Conviene señalar un punto: como el hambre suele estar atenuada por el caldo, algunas personas prolongan la práctica más tiempo del que harían con agua sola, sin que ello signifique que el déficit nutricional acumulado sea menos real. Esa atenuación del hambre es, precisamente, uno de los efectos que este artículo trata con más prudencia.
¿Por qué el caldo no basta para cubrir las necesidades nutricionales de una jornada?
Porque un caldo, colado de todo trozo sólido, contiene esencialmente agua, sal y minerales disueltos, con un aporte calórico y proteico muy bajo, incluso para un caldo de huesos considerado más rico en gelatina. No aporta fibra, ni la mayoría de las vitaminas, ni la cantidad de proteína necesaria para una jornada completa, sea cual sea la cantidad consumida. Este límite no es un defecto de preparación ni una mala elección de ingredientes: se debe a lo que es un caldo por naturaleza, un líquido de cocción pensado para dar sabor a un plato, no un alimento completo capaz de sustituir una comida en el tiempo.
¿Cómo se retoma la alimentación tras una cura de caldo?
Esta página no fija ni cantidad, ni alimento concreto, ni calendario de reintroducción numérico, por la misma razón que guía todo este artículo frente al sodio y a la saciedad engañosa del caldo: esta referencia debe seguir siendo individualizada. Tras varios días de aporte casi exclusivamente líquido, una reanudación progresiva es preferible a un regreso brusco a comidas copiosas, en particular en una persona cuyo estado de salud o estado nutricional de partida ya era frágil. Lo que la reanudación implica en el plano médico se explica más arriba en este artículo; las modalidades concretas corresponden a una valoración individual, no a una lista genérica aplicable a todos.
Esta herramienta es informativa y no constituye un diagnóstico ni un consejo médico. Consulta a un profesional de la salud.