Cómo leer la curva de IMC de un niño
Una curva de percentiles se lee situando dos valores —la edad y el IMC— en un gráfico con varias líneas de referencia, nunca comparando el resultado con los umbrales fijos de un adulto. Nuestra página sobre el IMC en niños y adolescentes explica por qué existen estas curvas y sustituyen a las categorías de adulto; esta se centra en algo más práctico: cómo leer, paso a paso, una curva de percentiles y entender lo que realmente muestra.

Los dos ejes del gráfico
Una curva de percentiles se lee como cualquier gráfico de dos ejes. El eje horizontal, en la parte inferior, representa la edad del niño, normalmente en meses durante los primeros años y después en años. El eje vertical, en el lateral, representa el valor del IMC —el mismo cálculo que en el adulto, peso entre estatura al cuadrado, pero situado aquí sobre una escala propia de la infancia y no sobre las categorías de nuestra tabla de categorías de IMC, que solo es válida para el adulto.
Entre esos dos ejes aparecen varias líneas curvas ya trazadas en el gráfico: son las curvas de percentiles, construidas a partir de mediciones tomadas en un gran número de niños de la misma edad y el mismo sexo. Cada una de esas líneas delimita un canal; el conjunto de canales forma la trama sobre la que se sitúa la medición de un niño en concreto.
Cómo situar el punto de un niño, paso a paso
Situar un punto en la curva sigue siempre el mismo método, sea cual sea la edad del niño:
- Localizar la edad exacta del niño en el momento de la medición, en el eje horizontal.
- Calcular el IMC a partir del peso y la estatura medidos el mismo día, con la fórmula habitual.
- Localizar ese valor de IMC en el eje vertical.
- Trazar, mentalmente o a lápiz, una línea vertical desde la edad y una línea horizontal desde el IMC: su cruce marca el punto del niño en la curva.
- Comprobar que la curva utilizada corresponde al sexo del niño: las curvas de niñas y niños son distintas y nunca se intercambian.
Una vez situado, ese punto cae dentro de uno de los canales delimitados por las curvas de percentiles cercanas. Es esa posición relativa, respecto a otros niños de la misma edad y el mismo sexo, la que da sentido a la medición, no el valor del IMC tomado de forma aislada.
Cómo leer una curva impresa en la cartilla de salud
En la cartilla de salud, la curva aparece como un gráfico impreso, con una cuadrícula regular en lugar de un punto interactivo como en una pantalla. Las líneas verticales de la cuadrícula suelen marcar años o meses completos; si la medición del niño se tomó entre dos de esas líneas, el punto se sitúa en la estimación más cercana a su edad real, entre las dos marcas, en lugar de en la línea más próxima por comodidad.
El mismo principio se aplica al eje vertical: las líneas horizontales de la cuadrícula representan valores de IMC separados por un intervalo regular, y un valor calculado que cae entre dos líneas se sitúa, también ahí, en su posición estimada entre ambas, sin redondearlo a la línea más cercana. Esta precisión importa especialmente en los primeros años, cuando el IMC evoluciona con rapidez de un mes a otro: un punto mal situado en la cuadrícula puede dar la impresión de un cambio de canal que en realidad no existe.
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Un canal, no un umbral único
Aquí es donde la lectura de una curva de percentiles se diferencia por completo de la de un IMC de adulto. En el adulto, un umbral fijo separa una categoría de la siguiente: 25, por ejemplo, marca el paso de la corpulencia normal al sobrepeso. En el niño no existe un umbral de ese tipo: la curva muestra una posición relativa dentro de un conjunto de canales, y esa posición evoluciona de forma natural con la edad, incluso en un niño cuyo crecimiento transcurre con normalidad.
En la práctica, un IMC que parecería bajo o alto en valor absoluto puede ser perfectamente esperable a una edad determinada, simplemente porque la corpulencia media de los niños cambia mucho a lo largo del crecimiento. Esto es justo lo que la curva permite ver, y que una cifra aislada, sin contexto, nunca podría mostrar.
Lo que cuenta la trayectoria, más que el punto
Un profesional de la salud que sigue a un niño a lo largo de las consultas nunca se conforma con un único punto en la curva: mira la trayectoria, es decir, la sucesión de puntos registrados en cada visita. Un niño que sigue de forma constante el mismo canal de una consulta a otra tiene una trayectoria estable, algo generalmente tranquilizador. Un cambio claro de canal, hacia arriba o hacia abajo, es lo que más atención merece, sin que eso signifique automáticamente un problema: ese cambio se interpreta siempre con el resto del contexto propio del niño.
Nuestra página sobre el IMC en niños y adolescentes detalla un punto concreto de esta trayectoria, el rebote de adiposidad, el momento de la curva en que el IMC, tras bajar durante la primera infancia, vuelve a subir. Es un ejemplo de lo que la forma general de una curva puede revelar, más allá de un simple punto aislado.
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Los errores de lectura más frecuentes
- Usar la curva del sexo equivocado: las curvas de niñas y niños se construyen por separado y no son intercambiables.
- Comparar directamente a dos niños de edades distintas: la curva compara siempre a un niño con otros niños de la misma edad, nunca a un niño con otro niño tomado de forma aislada.
- Sacar una conclusión de un único punto: como ya se ha explicado, es la trayectoria en el tiempo la que informa, no una medición aislada.
- Aplicar un umbral de adulto al valor leído: las categorías de la tabla de categorías de IMC son exclusivas del adulto y no tienen ningún sentido trasladadas a una curva pediátrica.
- Olvidar que el IMC infantil comparte las mismas limitaciones que el del adulto: como se explica en nuestra página sobre las limitaciones del IMC, el índice nunca distingue masa grasa de masa muscular, a ninguna edad.
Con estos puntos basta para evitar la mayoría de las lecturas erróneas: eje correcto para la edad, curva correcta para el sexo, posición relativa antes que valor absoluto, y trayectoria en el tiempo antes que punto aislado. Para cualquier duda sobre una curva en concreto, el pediatra o el médico que sigue al niño sigue siendo quien mejor puede interpretarla con el contexto completo.
Preguntas frecuentes sobre la curva de IMC infantil
¿En qué eje se sitúa la edad del niño en la curva?
La edad se lee siempre en el eje horizontal, en la parte inferior del gráfico, expresada en años o en meses según la curva. El IMC calculado se sitúa, por su parte, en el eje vertical. El punto del niño se encuentra en la intersección de ambos valores.
¿Por qué hay una curva para niñas y otra para niños?
Porque la corpulencia media evoluciona de forma distinta según el sexo a lo largo del crecimiento, sobre todo en torno a la pubertad. Situar el IMC de una niña en la curva de los niños, o al revés, falsearía por completo la lectura: hay que usar siempre la curva que corresponde al sexo del niño.
¿Basta un solo punto en la curva para sacar una conclusión?
No. Una medición aislada, aunque esté bien situada en la curva, aporta mucha menos información que un seguimiento en el tiempo. Es la trayectoria del niño de una consulta a otra, más que la posición de un único punto, lo que interesa al profesional de la salud.
¿Qué significa que un niño cambie de canal en la curva?
Significa que su posición respecto a otros niños de la misma edad y el mismo sexo se ha modificado. Un cambio de canal no es necesariamente señal de un problema: es un dato que el profesional que sigue al niño interpreta junto con el contexto completo, nunca de forma aislada.
¿Se pueden aplicar los umbrales del IMC de adulto a un niño?
No, nunca. Categorías como "corpulencia normal" o "sobrepeso", pensadas para el adulto de 18 a 64 años, no significan nada aplicadas a un cuerpo que todavía está creciendo. Esa es precisamente la razón de ser de las curvas de percentiles: sustituir esos umbrales fijos por una comparación con niños de la misma edad y el mismo sexo.
¿Dónde se encuentra la curva de IMC de un niño?
Estas curvas figuran en la cartilla de salud infantil y las completa el pediatra o el médico en cada consulta de seguimiento. Es ese mismo profesional quien está mejor situado para leerlas e interpretarlas con el contexto propio del niño.
Esta herramienta es informativa y no constituye un diagnóstico ni un consejo médico. Consulta a un profesional de la salud.